Casa Olivares desde 1807

LOS VIAJEROS EN LA HOSPEDERÍA OLIVARES

 

A fin de que las autoridades pudieran ejercer una vigilancia efectiva sobre los establecimientos en que se recibían huéspedes, Isabel II por una Real Orden de 27 de noviembre de 1858, obligó a los dueños de la Hospedería Olivares a llevar un registro foliado y rubricado en el que se tenían que anotar todas las personas que se alojaban en el establecimiento, con expresión de su nombre de pila, el año, mes y día de su entrada, el lugar de donde vienen, a donde se dirigen y su ocupación u oficio. También la citada Real Orden obligó a Olivares a colocar en la puerta del establecimiento, o en uno de los balcones o ventanas, una tablilla, señal o letrero, en el que se tenía que indicar la actividad que se desarrollaba en su interior. Por lo tanto, podemos afirmar que el cartel “CASA OLIVARES” lleva expuesto al público en la calle de una manera continuada casi ciento cincuenta años, desde 1858 hasta 2008.

 

Como el control policial no era tan efectivo ni intenso como hoy en día, otra de las misiones que tenían que hacer los dueños de Olivares era el control del armamento de los viajeros que recababan en la casa, estando obligados a impedir que los huéspedes entraran en el alojamiento con armas cuyo uso no estuvieran autorizados. Por si esto fuera poco tenían que impedir también que se practicara en el local juegos prohibidos o que turbaran el reposo de otros viajeros. Puede parecer baladí todo este control, pero no era así. Mucho cuidado tenía que tener el propietario de CASA OLIVARES con lo que ocurría en ella, porque el Alcalde del pueblo estaba obligado a llevar un libro en el que tenía que anotar la conducta observa por el dueño de las posadas o casas de huéspedes que existían en su término municipal, dando parte al gobernador de la provincia de Madrid de cuanto “resultara digno de llamar su atención”. Es una verdadera pena que este libro no aparezca entre los fondos del archivo del Ayuntamiento de El Molar, porque sería curioso ver las observaciones reflejadas. Como comentábamos, si el Alcalde había dado parte al gobernador y éste consideraba que era suficientemente importante, según el artículo 1º de la Real Orden el gobernador podía retirar la licencia y cerrar el establecimiento.

El dueño siempre es el último responsable

Cuando hoy entramos en cualquier habitación de las existentes en Casa Olivares y contemplamos detrás de la puerta el precio por habitación y día, podemos pensar que es una normativa moderna. Nada más lejos de la realidad, pues en Olivares se lleva haciendo desde hace un siglo, según le fue ordenado por Real Orden Circular de 18 de marzo de 1909. Esta Real Orden también obligaba a los dueños de Casa Olivares a filiar a todos sus empleados teniendo que hallarse provistos de una cédula personal que expedía el Ayuntamiento de El Molar sin cuyo documento no podían ser admitidos a trabajar en contacto con el público. El motivo no era otra que tener un control sobre la servidumbre para evitar molestias al viajero, pero sobre todo porque ante cualquier situación comprometida el último responsable era el dueño, textualmente el artículo decía lo siguiente:

Los dueños de hoteles, fondas, casas de viajeros y de huéspedes y posadas, serán responsables gubernativos de toda vejación o exacción indebida que se causare a los viajeros por los dependientes de la casa puestos a su servicio, siempre que no acrediten haberles entregado o denunciado a las Autoridades en el acto de tener conocimiento de la falta o haberla corregido y dado satisfacción al viajero”.

Como se aprecia tener un negocio como Olivares hace un siglo no era nada fácil. Si con lo anteriormente expuesto el dueño tenía que estar vigilante las veinticuatro horas del día, el bajar la guardia podía ser todavía más peligroso pues si cualquier viajero sufría un robo durante el tiempo que estuviera alojado en el establecimiento, el responsable gubernativo era, como no, el dueño del establecimiento.

Olivares paga la cuota benéfica

Con la llegada del General Primo de Rivera al poder, que se prolongará desde 1923 a 1929, las fondas y casas de huéspedes se verán afectadas por la implantación de una cuota llamada “Cuota Benéfica”, que tenían que pagar todos los viajeros que se alojaran en cualquier fonda, hostal, pensión, casa de huéspedes, pensiones, hostelería o establecimientos similares. El importe que se pagaba era proporcional al precio de la habitación en la que se alojaba el viajero. En el caso de Casa Olivares al tener las habitaciones un precio entre una y tres pesetas diarias, el que se alojase tenía que pagar de cuota diaria 0.23 pesetas. Pero ¿Qué se hacía con este dinero? El dueño de Olivares tenía que acreditar el pago de la cuota benéfica pegando el sello o los sellos correspondientes al valor en el libro-registro de viajeros al lado del nombre de cada uno. Con este dinero el Directorio Militar de Primo de Rivera quería promocionar la prestación de servicios sanitarios ya que la beneficencia sanitaria prestada por la Iglesia a pobres o indigentes no era suficiente. La red asistencial pública se movía en una gran penuria de medios económicos por lo que ahora, con el dinero de los viajeros, el Estado pretendía recaudar fondos para crear centros de Beneficencia, centros de enfermedades contagiosas, hogares infantiles, hogares de ancianos, institutos de maternología o las conocidas “casas del médico” o “casas de socorro”.

El control durante la Guerra Civil

Con la llegada de un año tan crítico como fue 1936, la notificación diaria a las Autoridades de la entrada y salida de viajeros en los establecimientos de hostelería adquiría suma importancia. El 24 de septiembre de 1936 el Ministerio de la Gobernación ordena a Olivares que en el plazo de cuarenta y ocho horas remitiera a ese ministerio una relación con el nombre, apellidos, edad, profesión, nacionalidad, su punto de procedencia y lugar a donde se dirigen, de todos los huéspedes que estaban en la Casa, manifestando también si tenían domicilio en Madrid. La situación en era tan grave que también al resto de habitantes de El Molar que admitían huéspedes en sus casas particulares se les obligaba a informar de cuantas personas llegasen en lo sucesivo a sus domicilios. Si no se cumplía lo ordenado a las doce horas de conocida la infracción, el hotel, fonda o casa de huéspedes era clausurado. Si era una casa particular sus puertas se sellaban sin permitir que en el interior quedara nadie. Al objeto de ejercer una estrecha vigilancia de los viajeros con el propósito de averiguar en todo momento el paradero de las personas que se habían ausentado de su domicilio habitual, por la Orden de 23 de enero de 1937 de la Gaceta de la República se obligó a la Casa Olivares a que usase unos nuevos modelos de control de viajeros entre los que destacaba una nueva ficha de entrada de 20x10 cm. que debía ser rellena por el viajero y que tenía que estar en poder de Olivares durante un año. Grandes disgustos tuvieron que pasar los dueños de Olivares porque tanto los milicianos como los militares se negaban a inscribirse en los nuevos registros de viajeros. Podemos imaginarnos la cantidad de militares y milicianos que pasarían por El Molar en los primeros años de la guerra al ser esta una localidad de obligado paso entre la capital y el norte de la península, y el sufrimiento de los dueños del establecimiento por intentar cumplir la ley y no contrariar a un personal armado y acostumbrado a la violencia. El Gobierno, atento a la angustia de los hosteleros que podían ser sancionados si se encontraba a alguien alojado sin registrarse en el registro de viajeros, publicó el 26 de febrero de 1937 una nueva Orden en la que obligaba a todos los ciudadanos españoles, cualquiera que fuera su condición, profesión o calidad, a registrarse. Por su interés, pasamos a transcribir el texto íntegro:

Los militares, cualquiera que sea su graduación, y las milicias, han de exhibir la documentación que les acredite como militares o como milicianos; han de exhibir asimismo el documento que justifique el motivo de su viaje, y cuando éste fuese consecuencia de un permiso para el descanso, exhibirá necesariamente la autorización del Jefe de la Unidad a que pertenezca, demostrativa del expresado permiso y de su duración. Los responsables de las casas de huéspedes quedan obligados a poner en conocimiento de la Dirección General de Seguridad en Valencia y de los Gobernadores Civiles en provincias, la permanencia de las personas citadas en los artículos anteriores cuando aquella exceda del tiempo que figure en el permiso extendido por el jefe de la Unidad”.

 

 

Si no hay alojamiento a las casas particulares

Durante la guerra los hoteles fueron utilizados no sólo para el alojamiento de viajeros, sino también para alojar tropas o como hospitales, almacenes, cuarteles generales o simples oficinas. En el caso de la Casa Olivares durante la Guerra Civil algunas de las habitaciones tuvieron que dejar de usarse como alojamiento para cumplir funciones de almacén y oficina. Al finalizar la contienda el Estado consideró que estas habitaciones tenían que volver a su antiguo uso por lo que por la Orden de 2 de mayo de 1948, BOE. Nº 66, Olivares se ve obligado a transformar nuevamente las habitaciones dedicadas a almacén y oficina. Con la llegada de los años cincuenta los españoles empiezan a desperezarse económicamente, produciéndose con mayor frecuencia desplazamientos tanto de viajeros nacionales como de extranjeros. El Estado, interesado en estos desplazamientos, observa la necesidad de incrementar la existencia de alojamientos eventuales que permitieran la recepción suficiente y adecuada, tanto de los viajeros nacionales como de los turistas. En el caso de Olivares, en ciertos momentos del año, como eran las Fiestas de la Virgen del Remolino o la Feria anual, el aforo del local se veía desbordado, siendo necesario alojar a los visitantes en casas particulares. Para evitar que se utilizaran casas que no reunieran las mínimas condiciones higiénicas, el Consejo de Ministros de 5 de junio de 1953 acordó que se informara de las características de las casas particulares que se querían utilizar. En el caso de Olivares las casas que utilizaba para alojar a los que no cabían en sus habitaciones se consideraban como anexos del establecimiento y en consecuencia los dueños de Olivares tenían que responsabilizarse de su limpieza y mantenimiento.

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