Casa Olivares desde 1807

LAS FIESTAS EN LA PISTA DE OLIVARES

 

     

 

  

Pista Jardín Casa Olivares inaugurada en 1944

 Boda en la Pista Jardín Casa Olivares año 1951

Barra - Mostrador 1944

 

       Uno de los momentos de mayor trabajo y bullicio para la Casa Olivares se producía durante las fiestas de Nuestra Señora del Remolino, la Feria anual y los tres días de carnaval. Durante la feria el Ayuntamiento solía organizar carreras de cintas, descabezamientos de gallos, carreras de caballos y un baile público que dependiendo de cómo estuvieran las arcas municipales podía estar amenizado por una banda o se alquilaba un manubrio. Cuando se contrataban músicos, éstos solían pernoctar en la Fonda Olivares.

 

Carnaval en Olivares

 

Durante el Carnaval la alegría inundaba el local y los disfraces llenaban de color las habitaciones y el bar. Aunque el pueblo se encontraba en fiestas no por ello se dejaba de cumplir las normas que marcaba el Ayuntamiento, que dejaba bien claro que los disfraces sólo se podían usar durante el día y nunca a partir del anochecer. Ninguna persona disfrazada podía llevar armas y espuelas aunque lo requiera el traje que usaba, extendiéndose esta prohibición a todas las personas por lo que ni los militares podían entrar con espada ni los paisanos con bastón, exceptuándose de esta norma la autoridad que asistía al mismo. En la calle únicamente la autoridad competente podía quitar la careta a los que causaban escándalo público, mientras que en interior de los locales donde se hacían los bailes sí se permitía al dueño de la casa o establecimiento retirar la máscara a los revoltosos. También había prohibición expresa de quemar fósforos fulminantes, cerillas, carretillas y petardos, así como que las personas disfrazadas tiraran harina o mancharan a los transeúntes. 

 

 

 

      La Pista-Jardín

Estos bailes se realizaban en la plaza por no existir un local con suficiente capacidad para albergar a tanta gente. El pueblo necesitaba un lugar adecuado y Fernando Olivares no dudó en encontrarlo. Como hemos comentado en anteriores capítulos en 1943 se publicaron nuevas leyes ampliando los horarios de restaurantes, creándose además un nuevo concepto de local: la sala de fiestas. Fernando Olivares, conocedor del carácter festivo de los molareños y de que no existía en el pueblo un lugar adecuado donde poder reunirse y canalizar la fiesta, decide transformar un establo de vacas que tenía detrás del restaurante en una pista de baile, inaugurando ese mismo año lo que en El Molar se conoció como “la Pista – Jardín”. El local era al aire libre y tenía en su parte central la pista de baile. Al fondo un escenario para la orquesta y en los laterales mesas para que la clientela pudiera beber o comer algo. Si queremos saber la dimensión exacta de la “Pista” sólo tenemos que entrar en lo que es actualmente es la sala principal de Olivares, pues lo que hoy es comedor antaño fue pista.

 

                             La Pista Jardín se convertia también en Cine de Verano

Los bailes de Santa Águeda

El éxito fue inmediato sobre todo por allí se empezaron a celebrar los bailes de las fiestas de Santa Águeda. Ese día amanecía con un gran repicar de campanas porque las mujeres de El Molar subían a tocarlas a la torre de la iglesia. Acudían luego las féminas a misa y posteriormente sacaban en procesión a la Santa. Por la tarde iban a sus casas a preparar la cena de la familia, llegando el marido antes que otros días de sus labores en el campo. Se cenaba en familia y después de acostar a los niños se dirigía el matrimonio con sus mejores galas a bailar a la Pista. Al baile solo entraban matrimonios que disfrutaban con la música que dejaba en el aire una vieja gramola. Las mujeres lucían unos vistosos mantones de Manila, que la mayoría de los casos eran alquilados. Las que no tenían uno en propiedad acudían el día anterior a casa de la tía Mocha donde se alquilaban, previo pago de cinco duros, precio alto para los años cuarenta. El jolgorio en Olivares terminaba tarde y al día siguiente, el 6 de febrero, las que salían de fiesta eran las solteras del pueblo, las “Aguedillas”, que organizaban un baile al que acudían prestos todos los mozos casaderos para sacarlas a bailar.

La potente gramola

La pista no estaba cubierta y como hemos mencionado se localizaba en lo que hoy es el comedor principal. Allí se organizaban bailes y bodas, se proyectaban películas y se representaban obras de teatro. Era la referencia de toda la Sierra Norte y a sus mesas acudían no sólo molareños y serranos sino también madrileños con posibles. Los bailes eran amenizados mediante una gramola que dejaba que sus notas se proyectasen por las paredes y los árboles plantados en el contorno de la pista. La Gramola era de la marca “Atwater Kent” y para que su sonido fuera más potente y se percibiera sin dificultad en toda la pista, el 11 de septiembre de 1945 se reformó cambiándose el sistema de amplificación en B.F para así poder trabajar con un rendimiento de 20 watios de potencia, acoplándole además un altavoz gigante suplementario. En la reparación y compra del altavoz se gastaron la nada despreciable cifra para la época de 1.900 pesetas.

 

De Farina y Manolo Escobar al café-teatro

Para las grandes ocasiones se traía una orquesta que permitía que los requiebros de los bailarines fluyeran con mayor pericia. En el fondo del local se elevaba un escenario que fue pisado por las voces más templadas del momento, recordando todavía alguno de nuestros mayores las inolvidables actuaciones de Rafael Farina o de Manolo Escobar. Cuando el escenario no era usado por los artistas, se utilizaba como pantalla de cine, recortándose en blanco y negro las siluetas de lo mejor del cine americano. En la mayoría de las ocasiones primero se bailaba y cuando anochecía se proyectaba el film. Las películas eran de 16mm y la compañía que las suministraba era “Lux-Exclusivas cinematográficas”. Antes de la película se proyectaba el NO-DO, que también era suministrado por la misma compañía. A principio de los años cincuenta, Fernando Olivares pagaba 220 Pts por el alquiler de una película y por el NO-DO 30 pesetas. La cultura no tenía prohibida la entrada en la pista usándose el escenario para representar famosas obras teatrales, siendo Olivares uno de los primeros en poner en práctica el concepto de café teatro, pues allí se podía cenar en las mesas que estaban en los laterales mientras se representaba una obra o se bailaba un pasodoble. Fernando Olivares fue en todo un adelantado.

Fiebre del sábado noche

La pista estuvo en funcionamiento desde 1943 hasta 1978, fecha en la que se transformó en Sala de Fiestas. Según documentos que obran en el Archivo del Ayuntamiento de El Molar, y que nos han sido facilitados por su archivera, la Sala de Fiestas funcionó como tal únicamente durante tres años, de 1978 a 1981, siendo sus características las que aparecen en este documento: “El local consta de una sola planta, siendo ésta planta baja, ya que forma parte de un edificio único y de la misma propiedad, destinando el resto de la edificación a restaurante. El local es de forma rectangular, teniendo una superficie total de 358,47 metros cuadrados. Desde el acceso principal por la Plaza de General Mola, nº 2, nos encontramos con dos vestíbulos previos, a través de los cuales llegamos hasta la Sala de Fiestas. Una vez en ésta a la derecha tenemos la cabina del Dis-jockey y a la derecha el Bar, más adelante y a través de una escalera de tres peldaños llegamos a la zona de mesas situadas éstas en los laterales de la Pista de Baile. Más al fondo y a la derecha tenemos los servicios de señoras y caballeros, ambos con sus respectivos waters y lavabos y los de caballeros además con urinarios. En el centro del local tenemos la Pista de baile y al fondo de ésta un estrado donde se situará la orquesta. El local dispone además de la entrada y salida principal de una salida de emergencia según se indica en el plano. El local tiene un aforo máximo de 144 personas, por lo que de acuerdo con el Reglamento de Espectáculos Públicos en vigor, a dicho local le corresponde una salida de emergencia, aparte de la de funcionamiento ordinario. Esta salida de emergencia da a una plaza de más de 15 metros”. Como se aprecia la única diferencia entre la antigua Pista de Baile y la nueva Sala de Fiestas es que esta última estaba techada, por lo demás, prácticamente la configuración del local era la misma.

Tenemos bingo

En el año 1981 la Sala de Fiestas se transforma en Bingo, pero poco tiempo permaneció con esta actividad pues únicamente tras seis meses de ver discurrir cartones y números por la sala, los dueños vieron claro que “el zapatero se tenía que dedicar a sus zapatos”, por lo que anularon la actividad del Bingo y transformaron las instalaciones en un nuevo comedor, ampliando así la capacidad de un restaurante que empezaba a recibir masivamente a centenares de comensales madrileños que la bonanza económica de los años ochenta expulsaba los fines de semana de Madrid. Nuevamente la familia Olivares acertó, el éxito estaba garantizado.

 

      

Miss El  Molar años 50

 

Bajada a la Pista y Palco

 

Baile en la Pista con  Orquesta

 

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