Casa Olivares desde 1807

   

en 1913 llega a El Molar el primer Coche de Gasolina

 

Obras en la Carretera General N 1 cuando pasaba por El Molar al lado derecho se ve parte de uno de los primeros  vehiculos de gasolina

DE LA DILIGENCIA AL SURTIDOR DE GASOLINA

 

La primera compañía de diligencias que se estableció en Madrid en 1819 se llamaba “Compañía de Diligencias Generales”. Durante casi veinte años trabajó en solitario hasta que en 1840 se estableció una nueva empresa denominada Carsi y Ferrer, cuyo nombre se fue transformado en el de Diligencias Peninsulares y luego Postas Peninsulares, hasta que en abril de 1847 se unió a la citada Compañía de Diligencias Generales bajo el nombre de Diligencias y Postas Generales, controlando así casi todo el servicio general de transportes por carretera de mediados del siglo XIX. La diligencia que iba de Madrid a Bayona, según nos informa la “Guía del viajero en España” de 1843, salía de Madrid por la Puerta de Bilbao hasta que alcanzaba el Portazgo de Chamartín. Continuaba su camino por Fuencarral y al llegar a Alcobendas los viajeros podían descansar en dos posadas, en una casa de postas o en la parada de Diligencias Generales. En San Agustín había otra parada de la Compañía de Diligencias Generales y al salir del pueblo tenía que cruzar el río Guadalix por un puente de piedra y subir la cuesta de Valdeolivas hasta alcanzar la Venta de El Molar. Esta venta no hay que confundirla con la Casa Olivares pues la primera se encontraba a las afueras del pueblo, cerca del cementerio, mientras que Olivares estaba localizado dentro de la población.

Diligencia Madrid-El Molar

Las diligencias hacían su parada en la Venta de El Molar porque el Camino Real de Francia no atravesaba el pueblo sino que distaba unos cientos de metros, pasando entre El Molar y Pedrezuela. Esta situación se transformó en 1859 al construirse la variante del camino Real de Francia. A partir de ese año el Camino Real varía su ruta y atraviesa El Molar por lo que la Venta queda relegada siendo la Casa Olivares el establecimiento utilizado preferentemente por los viajeros para reparar sus fatigas. Como hemos comentado en otro artículo además de los viajeros que transitaban por el Camino Real de Francia, la Casa Olivares también se nutría de una afluencia constante de clientes gracias a los Baños de la Fuente del Toro. Esta afluencia motivó que las empresas de diligencias dedicadas al transporte de viajeros no dudaran en crear una ruta que uniera directamente Madrid con El Molar, teniendo como uno de los puntos finales la Casa Olivares. Según la Guía Oficial de los Viajeros en los Caminos de Hierro, Vapores y Diligencias, publicada para el año 1865, la empresa que hacía el servicio Madrid-El Molar era la "Diligencias y Postas Primitivas" partiendo sus carruajes de la calle Alcalá n° 32. Los que utilizaban este tipo de vehículos tenían un alto poder adquisitivo, siendo para el resto de los españoles un gasto demasiado elevado. Como ejemplo, en 1831 un viaje en diligencia hasta Bayona pasando por El Molar, Buitrago y Somosierra costaba 370 reales, aproximadamente 740 euros actuales, mientras que el sueldo mensual de un funcionario medio era de 400 reales (800 euros) y el de un obrero 280 reales (560 euros), por lo que resultaba prohibitivo para ellos y si tenían que desplazarse usaban otros medios más económicos.

Normas para llegar hasta El Molar

Cuando alguien compraba el billete para trasladarse en diligencia de Madrid a El Molar tenía que tener en cuenta una serie de premisas que en la actualidad nos resultarían bastante chocantes: 1.- El billete lo tenía que comprar para un día y una hora determinada, perdiendo todo el derecho al mismo, y a que se le devolviera el importe, si no se subía a la diligencia a la hora de partida. 2- Los niños de pecho que fueran en brazos no pagaban billete, si se les sentaba en un asiento, tenían que abonar su importe. 3.- Al que alquilaba toda la diligencia se le permitía llevar gratis un niño que no pasase de 6 años. 4.- No se permitía llevar animales dentro del carruaje, y sólo se permitía llevar pájaros enjaulados sobre la baca. 5.- La compañía no abonaba indemnización alguna por detenciones o retrasos imprevistos en el camino, ni por rotura ni vuelco de la diligencia. 6.- Si la diligencia sufría robo a mano armada durante el viaje, el viajero no recibía indemnización alguna.

En una de las fotografías más antiguas que posee la familia Olivares, correspondiente a 1878, podemos ver una de estas diligencias, en concreto la que hacía el recorrido Riaza-Madrid con parada en Casa  Olivares. Las diligencias solían tener tres compartimentos: el primero detrás del pescante y con vistas al frente, lo que llamaban “berlina”, con un solo banco transversal para tres o cuatro personas; el segundo, separado y con puertas distintas a izquierda y derecha, se llamaba “interior” y llevaba dos bancos transversales enfrentados para seis u ocho viajeros; y por último la “rotonda”, que era el compartimiento de atrás en el que los ocupantes se sentaban en bancos laterales paralelos a la marcha. Algunas diligencias se acortaron y acabaron por tener sólo “berlina” e “interior”. Como la cubierta de la diligencia era muy resistente, sobre ella, además de los equipajes, podía llevar un asiento llamado “imperial” que se resguardaba con una copta de cuero. En la fotografía se observa perfectamente como iban sentados en el “imperial” unos cuantos viajeros, así como parte de los equipajes y la capota, distinguiéndose también los tres compartimientos antes mencionados.

Arrieros en Casa Olivares

Por El Molar, y haciendo también parada en Casa Olivares, era común encontrarse con arrieros que llevaban mercancías entre ciudades y pueblos o a viajeros con menos recursos que viajaban en carretas cubiertas llamadas "Galeras". La galera era un carro grande de cuatro ruedas con toldo y sin ballestas que se usaba para transportar tanto a familias como a grupos de individuos con todos sus enseres y pertenencias. Para hacemos una idea es como si hoy quisiéramos hacer una mudanza y tanto la familia como los muebles viajaran todos juntos en el interior del camión. Los arrieros eran en general dignos de confianza y raramente dejaban de llevar a cabo sus encargos con honradez y exactitud, porque bien sabían ellos que si esa honradez se ponía en entredicho ya nadie querría utilizar sus servicios. Entre los arrieros destacaban los maragatos cuya honradez era tal que según expresión de la época "cuantos han utilizado sus servicios no vacilarían en confiarles el transporte de un tesoro". Por estar Cantalejo relativamente cerca de El Molar paraban aquí muchos arrieros de ese pueblo segoviano, por lo que en Casa Olivares era común oír la extraña lengua que usaban para comunicarse y que únicamente entendían ellos.

 

      

Descripción

 

Nota de Pedido Gasolina 1951

 Declaracion Jurada Gasolina

 

Llega el automóvil

Poco a poco los avances en transportes fueron evolucionando de tal manera que la era del carro y la diligencia fue dando paso a los vehículos a motor. Los primeros automóviles aparecen en España a finales del siglo XIX, pero no será hasta 1901 cuando se empiecen a fabricar los primeros en España, aunque sólo las clases altas eran capaces de disfrutar de tal lujo, pues los precios de esos primeros vehículos oscilaban entre las 6.000 y las 15.000 pesetas. Una fortuna si tenemos en cuenta que el salario medio mensual estaba entre las 60 y las 120 pesetas. Según iba avanzando la primera década del siglo XX los concesionarios de coches empezaron a ser cada vez más habituales, e incluso los industriales hispanos se decidieron a fabricar automóviles haciendo aparición marcas como Anglada, Sandford, Fénix, Iberia, Ardiurme, Tobajas, Hormiguer, Triauto Sanchos o Victoria. Año tras año es más común ver por las carreteras marcas como Ford, Citroën, Renault, Mercedes, Hannomag o la española Hispano-Suiza. Si se tenía un coche era casi una obligación salir con la familia los domingos al campo los domingos; si era sólo a merendar se iba a los pueblos de los alrededores; si se quería comer había que emplear todo el día en ir y venir. Para veranear se preferían los balnearios. Los que tenían posibilidades se marchaban a Lanjarón o Archena, pero la mayoría de los madrileños preferían acudir al que tenían más cerca: El Balneario de la Fuente del Toro en El Molar. Hasta ese momento para llegar hasta el balneario se había utilizado la diligencia pero con la difusión del vehículo privado las familias acomodadas empezaron a trasladarse por su cuenta, siendo habitual ver esos primitivos coches por las empedradas calles molareñas. Durante los años de la dictadura del General Primo de Rivera (1923-1929), las mejoras en las carreteras fueron extraordinarias construyéndose puentes, cunetas y aceras, dejando los caminos de ser unas rutas polvorientas en verano y fangosas en invierno. Eran tiempos de cambio, los automóviles empezaban a despuntar y los autobuses dejan en el olvido a carros y diligencias.

La Castellana parada de automóviles

Aunque la modernidad trajo a El Molar muchos adelantos, se fue llevando sin embargo la costumbre que tenía la clase adinerada de acudir a veranear a los balnearios. Poco a poco los visitantes del balneario iban dejando de acudir, pero sin embargo los coches que pasaban por la puerta de Casa Olivares iban en aumento, por lo que la idea de poner un surtidor de gasolina que serviría para atraer conductores y a la vez que repostaban se tomasen un refrigerio o disfrutaran de una comida empezó a rondar en la familia Olivares. No sólo paraban coches en El Molar, también lo hacían autobuses. En 1924 Don Agustín Torrego Marinas inaugura la compañía de autobuses “La Castellana” y decide poner una parada en El Molar, y más concretamente en Casa Olivares, tal y como demuestran las fotografías de la época en las que se puede apreciar pintado en la fachada del establecimiento el texto siguiente texto: “LA CASTELLANA PARADA DE AUTOMÓVILES”. Los más ancianos molareños todavía se acuerdan de los viejos autobuses Hispano Suiza modelo 30 aparcados en la puerta del establecimiento esperando a los viajeros.  Lógicamente con la llegada de los vehículos a motor será el momento en el se decida instalar en El Molar uno de los primeros surtidores de gasolina que existieron en la Nacional I. Durante muchos años el surtidor fue una de las referencias en el pueblo, apareciendo en múltiples fotografías tanto de los años treinta como cuarenta y cincuenta. Se colocó en mayo de 1931 siendo el Agente Oficial encargado de su utilización don Narciso Olivares.

            La Guerra frena la expansión

El despegue de la gasolinera se vio interrumpido por la Guerra Civil al suponer la contienda un frenazo en la circulación de vehículos. Una vez finalizada la contienda el surtidor de gasolina tiene que legalizarse según las nuevas normativas por lo que por BOE de 27 de noviembre de 1940 al surtidor de los Olivares se le asignó el número de serie 4.143 y se le concede el título de Agente de aparatos surtidores de gasolina. Pero durante este periodo posbélico en el que la escasez era notoria cualquier error en la gestión del surtidor podía suponer la retirada del título de Agente, lo que supondría un quebranto económico familiar. Narciso Olivares no se podía permitir la más mínima distracción ni error pues si el Estado veía el más mínimo desvío y el surtidor podía parar a manos de otro concesionario. Con objeto de evitar que se vulnerasen los propósitos que inspiraron la Ley de 22 de julio de 1939, creadora del Patronato de Loterías y Agencias de Aparatos Surtidores, la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, S.A. (CAMPSA) obligaba a Narciso Olivares a residir permanentemente en El Molar, teniendo que firmar de su puño y letra todas las recepciones de productos, notas de pedido, acuses de recibo, correspondencia, etc. Cuando don Narciso necesitaba ausentarse de El Molar por cualquier circunstancia, tenía que pedir por escrito un permiso especial a CAMPSA, porque la ausencia de un agente de gasolineras del desempeño personal del cargo sin la competente autorización se castigaba la primera vez con una multa de 50 pesetas, la segunda con 100 pesetas y la tercera con la rescisión del contrato y suministro.

Llega doña Evarista

Durante más de diez años Narciso condujo el timón de la gasolinera con rumbo certero, pero como la muerte no entiende de monopolios en junio de 1942 tuvo que hacerse cargo de la gasolinera su mujer, doña Evarista. A punto se estuvo de perderse la concesión pues al morir el titular quedaba vacante la titularidad, pero gracias a la Ley de 16 de junio de 1942, que ampliaba la Ley de 22 de julio, la gasolinera no se sacó a concurso porque según la nueva norma “quedaban excluidas de las convocatorias de concurso las vacantes producidas en los surtidores de gasolina que, al fallecimiento de sus titulares y con cinco años de antigüedad al frente de las mismas dejasen viuda e hijos menores, a quien habrá de adjudicárseles interinamente”. Doña Evarista es por tanto nombrada agente interina pero estos años no son precisamente los mejores para el negocio pues las restricciones de carburantes hacen mella, pasando CAMPSA a ejerce un férreo control sobre los surtidores. La fiscalización llega a tal extremo que el 8 de junio de 1945 se envía a doña Evarista de la Morena el cuadro de sanciones que CAMPSA le aplicaría al menor descuido:

-Si el surtidor no estaba engrasado ni en buen estado de limpieza….…25 pesetas

-Si se le fundía el globo luminoso indicativo del negocio……………..25 pesetas

-Si tenía bidones vacíos que dificultasen el acceso de vehículos……..100 pesetas

-Si se cerraba el surtidor en horas de servicio………………………...200 pesetas

-Si el agente se ausentaba de su cargo sin autorización……….cierre del surtidor

-Si el agente es sorprendido fumando………………………………...100 pesetas

-No aceptar vales ordenados por CAMPSA…………………………..100 pesetas

 

            Previo pago de su importe doña Evarista podía servir gasolina a cualquier coche particular que parase, pero la mayoría de los vehículos que repostaban en aquellos años lo hacían por medio de vales o sellos de restricción. Los conductores de turismos o “vehículos internacionales” podían repostar usando los sellos de restricción, que una vez en poder de la gasolinera tenían que ser pegados en unas planillas y remitidos a CAMPSA para su control. Cada mes se recibían nuevas normas sobre la utilización o forma de pegado de los sellos, por lo que la gestión era muy farragosa. Como ejemplo de este férreo control tenemos la carta que CAMPSA remite el 9 de agosto de 1945 a doña Evarista de la Morena con el siguiente texto: “Hemos recibido los vales y sellos que se adjuntaban a la declaración de referencia y comprobados los mismos, hemos observado que no están pegados en planillas separadamente los sellos corrientes de Madrid, provincias e Industria Agrícola, conforme a lo dispuesto en la Circular nº 8 del 27 de junio de 1945…”.

Si hace falta se hace de policía

Si el control de los sellos de restricción era complejo, con los vales de gasolina se aumentaba hasta el infinito los problemas porque existían vales del Ejército de Tierra, de las Fuerzas Navales, de la Aviación, del Ministerio de la Gobernación, de la Guardia Civil, de la Comisaría de Abastecimiento, de la Censura Oficial, de la F.E.T y de las JONS y del Cuerpo Diplomático. Para evitar la picaresca CAMPSA mandaba todos los meses una circular indicando para el mes siguiente qué marcas o siglas debía llevar el vale de cada organismo, no siendo pagados por la citada compañía los que incumpliesen las normas. Además cada vale remitido tenía que llevar el sello o la firma de los usuarios en los vales de cupo fijo, rutas, etc., así como la anotación en el dorso del nombre del conductor y el número del carné que presentaba al repostar el carburante, siendo rechazados todos los que carecían de estos requisitos. Si doña Evarista no tenía poco trabajo con controlar personalmente todo este papeleo, en ocasiones, el celo del Estado le obligaba a ejercer hasta de policía. El 5 de junio de 1944 recibió una atenta nota de la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos por la que se le ponía en conocimiento que “En caso de presentarse alguien a proveerse de gasolina con los vales correspondientes a la Libreta nº 12.934 del mes actual, perteneciente a la Embajada Alemana, debe proceder a su detención y de no poder efectuarla, anotará inexcusablemente el número de matrícula del coche que pretenda verificar el suministro.

El final de una época

El surtidor estuvo en manos de la familia Olivares hasta 1955, según lo demuestran los documentos que existen en el archivo del Ayuntamiento de El Molar. Aquí se guardan las contribuciones industriales correspondientes a ese año, en las que aparece doña Evaristo como dueña de la gasolinera, mientras que en las contribuciones del año siguiente (1956), el establecimiento ya aparece en manos de don Nicolás Sánchez Pantoja. Pero el dato más fiable para saber en que fecha se dejó el surtidor nos lo ofrece el BOE. En el Boletín Oficial de Estado nº 131 de 10 de mayo de 1956, se nos indica que la vacante de la Agencia de Aparatos de Surtidores de Gasolina correspondiente a El Molar con número 4.413 pasa a don Nicolás Sánchez Pantoja.

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